¡Qué merienda tan salada!

Hemos tenido una merienda a lo romano probando alimentos típicos de la dieta de aquella época: pan, aceite de oliva, aceitunas, queso, fruta y frutos secos. Ya veis como estamos, tumbados como en un triclinium. Al terminar no han quedado ni los huesos de las aceitunas… ¡qué rico estaba todo!

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